Puedes entrenar glúteos, cuádriceps y pantorrillas. Puedes hacer sentadillas, correr kilómetros y trabajar movilidad.
Pero hay una parte de tu cuerpo que participa prácticamente en cada paso, salto y cambio de dirección… y probablemente nunca la entrenas de manera consciente.
Tus pies.
Sí, esos que pasan buena parte del día dentro de unos tenis.
El pie no es simplemente el punto donde termina la pierna. Es una estructura compleja formada por huesos, articulaciones, músculos, tendones y ligamentos que trabaja constantemente para darte soporte, absorber cargas y ayudarte a desplazarte.
Y quizá sea momento de prestarle un poco más de atención.
Piensa en una sentadilla.
Antes de que trabajen intensamente glúteos o cuádriceps, tus pies ya están interactuando con el piso y ayudando a crear una base estable.
Ahora piensa en correr, saltar, hacer un desplante o cambiar rápidamente de dirección.
Otra vez: todo empieza abajo.
La forma en la que el pie interactúa con el suelo influye en la estabilidad y en cómo se transmite la fuerza a través de tobillos, rodillas y caderas.
Por eso, entrenar únicamente los grandes músculos de las piernas puede dejar fuera una parte importante de la ecuación.
Y probablemente no podrías nombrar muchos de ellos.
Existen pequeños músculos dentro del propio pie —conocidos como músculos intrínsecos— que participan en funciones como dar soporte al arco y controlar determinados movimientos de los dedos y del pie.
También trabajan junto con músculos de la pierna para ayudarnos a mantener estabilidad mientras caminamos, corremos o permanecemos de pie.
Como sucede con otras partes del cuerpo, el movimiento y ciertos ejercicios pueden trabajar estas estructuras.
Hay algo todavía más interesante.
Tus pies no solo soportan peso. También reciben información constantemente.
El contacto con el suelo aporta señales que el sistema nervioso utiliza para realizar ajustes posturales y mantener el equilibrio.
Por eso, ejercicios que desafían el control corporal —realizados de manera adecuada para tu nivel— pueden involucrar mucho más que las piernas.
Un apoyo sobre una sola pierna, por ejemplo, puede parecer sencillo hasta que intentas mantenerlo con control.
No necesitas dedicar una hora completa a “foot day”.
Puedes incorporar pequeños ejercicios dentro de tu calentamiento o trabajo de movilidad, por ejemplo:
Lo importante no es hacer ejercicios complicados, sino comenzar a reconocer que tus pies también forman parte de tu entrenamiento.
Si tienes dolor, una lesión previa o alguna condición que afecte pies o tobillos, consulta con un profesional de la salud antes de incorporar ejercicios específicos.
Aquí aparece otra conversación interesante.
El calzado deportivo cumple funciones importantes de protección, soporte y comodidad según la actividad. Pero utilizar buenos tenis no significa que debamos olvidarnos de la capacidad de nuestros pies para moverse.
El tipo de calzado adecuado dependerá de la actividad, de las características de cada persona y de sus necesidades particulares.
No se trata de declarar una guerra contra los tenis.
Se trata de recordar lo que existe dentro de ellos.
En Sports World creemos en entrenar el cuerpo de manera integral.
Y a veces mejorar la forma en la que nos movemos comienza prestando atención a esas pequeñas cosas que damos por sentadas todos los días.
Entrenamos piernas.
Entrenamos glúteos.
Entrenamos core.
Pero debajo de todo eso existe una estructura que literalmente nos mantiene en contacto con el mundo.
Quizá tus pies también merezcan formar parte de tu entrenamiento.